“Para mí, la belleza se encuentra cuando la mente llega a su punto final. Para implicarme con esta aspiración, como pintor, busco crear imágenes que no sean previamente conocidas ni nombradas, en pasajes que insinúan fuentes luminosas situadas a menudo tras la conjetura, el flujo no resuelto y la serendipia.”
Mi trabajo como pintor está informado e inspirado por los patrones observados en el mundo natural, ya sean energéticos, sub-moleculares, biológicos o cósmicos, e incluso se extiende a nociones teóricas sobre de qué estamos hechos. Mi imaginación se eleva ante aquello que permanece esquivo a la conciencia y a nuestra percepción de la escala y del tiempo, sobre lo que nos compone y todo lo que creemos conocer. Encuentro que la humanidad ocupa una posición fascinante y desafiante, trabajando en las artes y las ciencias en busca de significado y trascendencia dentro de un campo que constantemente elude nuestro deseo más profundo de certeza. La pintura es, en este sentido, una meditación activa para mí.
Físicamente, mi trabajo como pintor implica un proceso que combina pigmentos minerales y metálicos —incluidos latón, cobre, mica y hierro—, a menudo en superficies oxidadas. Utilizo ramas de diversos tipos —cargadas de connotaciones literarias o coloquiales—, como olivo, tejo, laurel y otras, empleándolas como grandes pinceles que imprimen huellas en texturas que luego articulo con pinceles convencionales. Los pigmentos metálicos texturizados y las superficies pintadas brillan al movernos frente a ellas, creando velos de múltiples capas que remiten a nuestro deseo más profundo de explorar sin nombrar, de convertirnos en poetas del significado, videntes sin referencia a lo ya conocido. El ojo se ve impulsado a escanear, a permanecer fascinado, a abrazar aquello que es más grande que una narrativa única o una imagen ilusoria. ¿Qué significa que la obra haya sido golpeada o acariciada con ramas de olivo? ¿Con laurel, con tejo?
Mills-Pinyas es muralista, pintor y grabador, y reside entre España y Estados Unidos.